Celebrityland
En la televisión viven las celebrities. El ser una celebritie es independiente de la actividad y de sus méritos.
Esta comarca imaginaria adora a las jerarquías: una nobleza de linaje; una masa de trabajadores de la celebridad, pequeñas celebrities, o celebrities pasajeras a quienes les espera el éxito o el fracaso, pero también la burla.
Solo queda afuera de lo que sucede en Celebrityland quien se retire del mundo: se critica el elitismo de los que permanecen fuera.
Celebrityland no ocupa el espacio real, aunque da la impresión de que emplea locaciones fijas como Punta del este, Miami, las playas brasileñas, los centros de Ski, los VIP de las discos, los desfiles de moda y los estrenos.
Estas locaciones valen porque son mostradas por televisión.
En Celebrityland la torpeza ridícula puede tener tantas posibilidades como la destreza.
Como hay que conquistar la franja de espectadores social y culturalmente lo más amplia posible, los discursos deben desechar todo lo que requiera algo más que una identificación sencilla. Evitar el zapping es evitar el momento en que alguien no entiende y , porque se aburre, cambia.
La oratoria de Celebrityland penaliza severamente la complejidad semántica. Favorece, en cambio, los registros suspensivos y exclamativos. Ninguna frase trunca es considerada incompleta, sino expresiva o emocionada. Discursivamente, la televisión es populista.
En celebrityland no valen las ideas, sino la opinión que no esconde su carácter subjetivo. La opinión reemplaza a la idea sin exigir demasiado de quien la emite ni de quien la escucha.
La opinión es indiscutible porque no se refuta con ideas, solo se le puede oponer otra con semejante autoridad. “A mí me pasó” no admite prueba en contra. Imposible señalar que la opinión está cristalizada y es inerte. Justamente esas son las cualidades que definen un lugar común y fortalecen su capacidad de emoción y adherencia.
Además la experiencia refuerza casi siempre el sentimiento desaforado de celebrityland, donde no hay límites para llorar o castigarse en cámara, agredir y reconciliarse.
Disfrutar de Celebrityland es valorar el sentimentalismo.
En medio de una feroz discusión política en la que quedaban cuestionados varios diputados de su partido, Mauricio Macri recuperó el aura de celebrity porque el 16 de noviembre de 2010 se casó por civil en la ciudad de Buenos Aires con una mujer a la que homenajeó con un tweet de enamorado (“negrita querida”). Irresistible para quien mira la televisión de mirtha y Susana: se mostraba a Macri con el cursi ramito de azahar en su solapa.
Francisco de Narváez, en un comercial exitoso de campaña en 2009 comunicó: “ Tengo cinco hijos y otro en camino” Listo, el enunciado va directo al corazón : un padre prolífico calmo y confiable, que está esperando el sexto y sin embargo encuentra tiempo para pensar en un país mejor para usted y su familia.
Los hijos son un gran capital en celebrityland. Maradona nunca dejó de cantar su corito “las nenas”.
Los argumentos son siempre demasiado largos, las opiniones sensibles, en cambio, son breves porque no necesitan demostración.
Celebrityland es un modelo que pesa sobre la política hasta el punto que muchos políticos son casi únicamente celebrities.
La prueba más persuasiva del carácter magnético y expansivo de Celebrityland en la política fue “El gran cuñado” de Marcelo Tinelli emitido antes de las elecciones de 2009.
Los que no fueron ni atendieron por teléfono al conductor se distinguieron de un destacamento ridículo que no evitó ninguna de las indignidades para debutar o consolidarse.
Gracias a la producción de Tinelli, la mercadotecnia le ganó la batalla a la política. Ningún político fue penalizado por incorporarse a ese circo de tres pistas.
Francisco de Narváez demostró ser tan cool como fuera necesario.
El humor de “El Gran Cuñado” fue exclusivamente caricaturesco: Cristina se arreglaba las mechas, kirchner era bizco y desbocado, Reutemann mudo…
Ser caricaturizado es signo de notoriedad porque solo los famosos son personajes potenciales.
El diagnóstico que facilita “Gran Cuñado” tiene que ver con la dependencia de la política respecto de los medios audiovisuales: ambos discursos, el de la caricatura y el de la mayoría de los políticos reales son demasiado elementales (“Tengo un plan”) reducidos a un puñado de tics y singularidades. Muchos de los políticos que pelean por los primeros puestos se convencieron de que no existen sin la televisión.
Esto le sucede, sobre todo, a los neo-políticos, es decir a quienes no pertenecen a un partido histórico o deciden jugar solos convencidos de que un partido les quita más de lo que les agrega.
Fragmento del Caítulo 1 «Las aventuras de la política en celebrityland» del libro «La audacia del calculo» de Beatriz Sarlo
Categorías
marianorinaldi Ver todo
Periodista. Cronista.
Conduzco de "La Semana que Viene" programa que se emite por Radio Simphony.
También trabajo en el programa "En la trinchera" de Radio Led.
Fui Cronista de "El Exprimidor" (2002 hasta su finalización en 2019) reemplazando a Ari Paluch en la conducción en varias ocasiones.
Cronista de "El Rotativo del Aire" de Radio Rivadavia (entre 2001 y 2010).
Acreditado en Casa de Gobierno (2003/2018).
También Cronista y asesor parlamentario.
Realicé coberturas nacionales e internacionales como enviado por ejemplo al rescate de los mineros en Chile, Elecciones en España y Paraguay, Aniversario del Atentado de Atocha en Madrid entre otras cosas.
