¿Y dónde está el Estado?
Vengo de una zona liberada. Vengo de ver gente muy humilde creyendo que por bancarse la intemperie «se ganó un terreno» en un parque público, vengo de ver mafias de punteros y de droga. Vengo de ver vecinos creyendose con derecho a empuñar armas. Lo que no pude ver fue al Estado: ni nacional ni de la ciudad. Ni en forma de funcionarios políticos ni bajo la formade fuerzas de Seguridad.
Son las 18.30 y aparece un pibe baleado. Al fondo del parque se escuchan tiros. Primero son cuatro. Después el clásico tartamudeo de las armas automáticas. Ya no son solo tumberas y armas de puño. Ya es una batalla.
Un auto levanta al pibe baleado y sale volando a la puerta del parque Indoamericano creyendo que allí encontrará una ambulancia: error! desde la represión en la que se recuperó por unos minutos el parque ya no hay nada que refiera al Estado en el lugar: Ni nacional, ni de Ciudad. Ni funcionario político ni policial. Mucho menos una ambulancia.
Siguen los tableteos secos que retumban lejos, pero la gente ya entendió: en el parque Indoamericano se ha desatado una estampida de mujeres y chicos que huyen despavoridos por la puerta central. Algunos «bravos» se quedan a tratar de resistir porque «se bancaron a la cana y la intemperie y no los van a sacar unos narcos que quieren la zona liberada para seguir operando en el parque» La vida vale dos guitas.
Me voy caminando por Escalada rumbo a Castañares: las balas suenan más cerca y ya escucho los gritos del enfrentamiento. Se hiela la sangre. Sigo avanzando y al llegar a la rotonda de Castañares y Escalada dónde los vecinos de los monoblocks hacían una marcha contra los okupas, veo directamente los enfrentamientos unos cien metros por Castañares hacia Lacarra. Se ven volar piedras y desde alguno de los monoblocks se escucha un francotirardor: «Si es uno que tira no pasa nada, pero si es un francotirador enserio habrá nuevos heridos» pienso mientras busco cubrirme.
Cada tando llegan desde el frente pibes que arengan a los otros a sumarse a la refriega: Dale boludo! qué querés una villa de bolitas frente a tu casa?»
Lo encaro y me dice: «Soy de acá, del barrio Zamoré (casualmente el apellido de un religioso al que se atribuye haber impedido una guerra) y no los vamos a dejar»
Un vecino agrega «Ahí hay muchos chorros, están todos calzados. De ahí es Pity»
Otro vecino vé que soy periodista y se suma: » Qué querés si tienen tumberas y son tan boludos que se matan entre ellos porque dispara uno adelante del otro» Entonces pasa una señora y grita: «pero acá también están armados… yo ví salir gente del monoblock de la prefectura y la policía armados» la turba se vuelve contra ellos y lo más suave que escucho es «Vieja de mierda, defendé el barrio»
Vuelvo a la rotonda en donde estaban los más «tranquilitos» y escucho cantar el himno nacional y veo banderas argentinas: de repente parece que entramos en guerra con Bolivia. No lo puedo creer. Me paro a pensar ¿cómo llegamos a este punto?
Macri se manifiesta impotente y desesperado y dice que la policía de la que viene jactándose hace un año no sirve para esto. El estado nacional no dice ni hace nada. Aparece Alak leyendo un comunicado de dos minutos en donde pide que actúe la ciudad y se niega a responder preguntas.
En el Parque Indoamericano, desde el desalojo no se ha visto ni policía ni funcionarios: rige la ley del más fuerte. Conviven pobres con reales problemas habitacionales con mafias organizadas para ocupar terrenos y «ganarle subsidios o terrenos al estado». es fácil adivinar quién va a perder.
Pero los punteros no son los únicos que hacen su negocio: Los miserables políticos también hacen el suyo. Los troskos aprovechan la desgracia de esta gente pobre que no tiene techo para putear a Macri. D´elia agrega a su enemigo aníbal Fernandez. Mientras tanto el Twitter nos cuenta en qué cosas tan importantes están los funcionarios mientras los vecinos de Lugano se han lanzado a las calles a hacer «justicia por mano propia»…
Resplandece la anarquía. Los responsables del Estado se pasan la pelota o no saben ni contestan.
Podemos hablar de «la batalla de Lugano» y confinar todo a un problema de los sureños. O podemos hacernos cargo y empezar a exigir respuestas.
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marianorinaldi Ver todo
Periodista. Cronista.
Conduzco de "La Semana que Viene" programa que se emite por Radio Simphony.
También trabajo en el programa "En la trinchera" de Radio Led.
Fui Cronista de "El Exprimidor" (2002 hasta su finalización en 2019) reemplazando a Ari Paluch en la conducción en varias ocasiones.
Cronista de "El Rotativo del Aire" de Radio Rivadavia (entre 2001 y 2010).
Acreditado en Casa de Gobierno (2003/2018).
También Cronista y asesor parlamentario.
Realicé coberturas nacionales e internacionales como enviado por ejemplo al rescate de los mineros en Chile, Elecciones en España y Paraguay, Aniversario del Atentado de Atocha en Madrid entre otras cosas.