Mahoma y el Glotón

 

Alabar es simplemente correr las cortinas para dejar entrar sus virtudes. El Sol, por supuesto, permanece aparte de lo que digo.   Aquel que pronuncia la Alabanza al que está alabando realmente es a él mismo, al decir implícitamente, “Mis ojos están claros.”   Del mismo modo, aquel que critica se está criticando a sí mismo, al decir implícitamente, “No puedo ver muy bien con mis ojos tan inflamados.”   Nunca te compadezcas de alguien que quiere ser el Sol, ese otro Sol, Aquel que convierte lo putrefacto en frescura.   Y nunca envidies a alguien que quiere ser este mundo.   Husam es el Sol del que hablo. No puede ser entendido con la mente, o dicho, pero nos tropezamos y titubeamos al intentarlo. El que no puedas beberte todo lo que cae no significa que has de dejar de tomar sorbos de agua de lluvia. Si la nuez del misterio no se puede sostener, déjame al menos tocar la cáscara.   Husam, refresca mis palabras, tus palabras. Mis palabras son sólo la superficie de tu saber, una atmósfera terrestre de tu vasto espacio.   Lo que digo lleva la sola intención de señalarte, a Ti, de tal modo que quien oiga estas palabras no se lamente de que nunca tuvo la oportunidad de mirar.   Tu presencia me saca de mi vanidad e imaginación y opinion.   La reverencia es el ungüento que nos curará los ojos.   Y una perspicaz, constante escucha. Permanece a la intemperie como una palmera levantando sus brazos. No caves ratoneras en la tierra, argumentando dentro de algún laberinto doctrinal.   Ese giro y esa trama intelectual te mantiene envuelto en la ceguera. Y otras cuatro características te previenen de amar. Los Qur’an las llaman las cuatro aves. Dí Bismillah, y corta la cabeza a esos pájaros del mal.   El gallo de la lujuria, el pavo real del deseo de ser famoso, el cuervo de la posesión, y el pato de la urgencia, mátalos y házlos revivir en otro estado, transformados e inofensivos.   Hay un pato dentro de tí. Nunca es saciado, buscando por lo seco y lo mojado igualmente, como un ladrón en una casa vacía acumulando objetos en su saco, perlas, garbanzos, lo que sea. Siempre pensando, “¡No hay tiempo! ¡No tendré otra oportunidad!”   Una Auténtica Persona es más sosegada y cauta. Él o ella no se preocupan por las interrupciones.   Pero ese pato está tan temeroso de despistarse que ha olvidado toda la generosidad, y asustado expandió su capacidad para llevar comida..   Un gran grupo de infieles llegó una vez para ver a Mahoma, sabiendo que él les daría de comer.   Mahoma dijo a sus Amigos, “Dividíos a estos invitados entre vosotros y atendedles. Ya que todos estáis llenos de mí, será como si yo fuera el anfitrión.”   Cada Amigo de Mahoma eligió a un invitado, pero había una enorme persona olvidada. Se sentó en la entrada de la mezquita como heces resecas en una copa.   Entonces Mahoma invitó al hombre a su propia casa, donde el enorme hijo de un Turco Ghuzz se lo comió todo, ¡la leche de siete cabras y suficiente comida para dieciocho personas!   Los demás en la casa estaban furiosos. Cuando el hombre se fué a la cama, la ama de llaves golpeó la puerta al salir y la cerró con cadenas, llena de mezquindad y resentimientos. Cerca de la medianoche, el hombre sintió varias imperiosas necesidades al mismo tiempo.   ¡Pero la puerta! Intenta abrirla, la atraviesa con una espada. No hay manera. La urgencia aumenta. La habitación se contrae. Cae en un dormir confuso y sueña con un lugar desolado, ya que él mismo es ese lugar desolado.   Entonces, soñando se tiene a sí mismo, aprieta una enorme cantidad, y otra enorme cantidad.   Pero pronto se vuelve consciente como para descubrir que las sábanas en las que se arropa están llenas de excrementos. Se agita con espasmos de la verguenza que suele reprimir a los hombres de hacer tales cosas.   Piensa, “Mi dormir es peor que mi vigilia. El despertar está sólo lleno de comida. Mi sueño es todo esto.”   Ahora llora, amargamente desconcertado, Esperando al amanecer y al ruido de la puerta al abrirse, esperando que de alguna manera pueda salir sin que nadie le vea como está.   Seré breve. La puerta se abre. Está salvado. Mahoma llega al alba. Abre la puerta y se vuelve invisible para que el hombre no se sienta avergonzado, y así pueda escapar y lavarse y no tener que enfrentarse al que le ha abierto.   Alguien tan completamente absorbido en Alá como Mahoma puede hacer esto. Mahoma había visto todo lo que ocurrió durante la noche, pero se refrenó de dejarle salir, hasta que todo sucedió como tenía que suceder.   Muchas acciones que parecen crueles surgen de una profunda Amistad. Muchas derribos son de hecho renovaciones.   Más tarde, un sirviente entrometido trajo a Mahoma las sábanas. “¡Mira lo que tu invitado ha hecho!”   Mahoma sonríe, siendo él misericordia entregada a todos los seres, “Traedme un cubo de agua.”   Todo el mundo salta, “¡No! Déjanos hacer esto. Vivimos para servirte, y este es el tipo de trabajo manual que podemos hacer. Tuyo es el trabajo interior del corazón.”   “Lo sé, pero esta es una ocasión extraordinaria.”   Una Voz en su interior está diciendo, “Hay una gran sabiduría en lavar esas sábanas. Lávalas” Mientras, el hombre que manchó las sábanas y huyó está volviendo a la casa de Mahoma. Se ha dejado olvidado un amuleto que siempre ha llevado consigo.   Entra y ve las Manos de Dios lavando su increíblemente sucia ropa.   Se olvida del amuleto. Un gran amor de pronto se introduce en él. Se rasga la camisa. Estrella su cabeza contra la pared y la puerta. Sangre brota de su nariz.   Gente acude de otras partes de la casa. Está gritando, “¡Alejaros!” Se golpea la cabeza,”¡No tengo discernimiento!” Se postra ante Mahoma. Tú eres el Todo. Yo soy una vil pequeñez, una pieza sin sentido. No puedo mirarte.” Está calmado y tiembla de remordimientos.   Mahoma se inclina sobre él y le sujeta y le acaricia y abre su saber interior.   La nube se lamenta, y entonces el jardín brota. El bebé llora, y la leche de la madre fluye. La Enfermera de la Creación ha dicho, Déjales llorar bastante.   Esta lluvia-lamento y sol-ardiente se enroscan juntos para hacernos crecer. Mantén a tu inteligencia blanca-caliente y tu pesar reluciente, así tu vida permanecerá fresca. Llora fácilmente como un niño pequeño.   Deja que las necesidades del cuerpo mengüen y las decisiones del alma aumenten. Disminuye lo que le das a tu ser físico. Tu ojo espiritual empezará a abrirse.   Cuando el cuerpo se vacía y permanece vacío, Dios lo llena con perfume y perlas. De esta manera un hombre entrega su estiércol y consigue pureza.   Escucha a los Profetas, no a algún adolescente. Las bases y las paredes de la vida espiritual están hechas de sacrificios y disciplina.   Permanece con Amigos que te apoyen en esto. Habla con ellos sobre textos sagrados, y sobre cómo te va, y cómo les está yendo, y mantened las prácticas unidos.       – Mathnawi, V, 1-149, 163, 167

 

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