La Casa nunca estuvo en orden

Semana santa del 87´ es la increíble historia de una traición: de cómo un episodio terminó siendo celebrado por el pueblo como una victoria pese a tratarse en realidad -como el tiempo aclararía- de una derrota

Creímos siempre que el de Alfonsín fue el primer gobierno democrático. Hoy sabemos que fue más un gobierno de transcición, como era lógico, por otra parte.

A diferencia de Menem, De la Rúa, Kirchner y Cristina, don Raúl no recibió los atributos de manos de otro presidente civil. Y más allá de lo simbólico, su gobierno estuvo centrado en una meta que sí logró cumplir: ponerle fin a la alternancia de golpes cívico-militares que venían a “remediar” los desmadres políticos.

Y digo que lo consiguió porque los desmadres no terminaron, pero los golpes cívico-militares sí.

Alfonsín tuvo un destacadísimo rol antes y durante la dictadura. Su gestión al respecto durante la presidencia es más discutible. Aunque nadie -de buena fe- dudaria en calificarlo como un hombre de la democracia.

Decíamos entonces que en su gobierno los militares golpistas no eran unos viejecitos abandonados por sus fuerzas, sino un factor de cierto poder todavía, con la llamada “mano de obra desocupada” realmente activa.

Hago todas estas salvedades para que no quede descontextualizado lo que sigue:

El famoso “Felices Pascuas, la casa está orden y sin sangre” fue una traición al pueblo argentino, que ese fin de semana se había levantado en respaldo de su presidente como nunca antes, ni probablemente, después.

Ese saludo que sonó al “podemos ir en paz” conque se cierran las misas era en realidad “váyansé para sus casas que ya se ha hecho un pacto”

¿Tanta fuerza tenía el sublevado Rico? ¿Iban a marchar los carapintadas sobre la casa de gobierno? ¿O más bien estaban acuartelados rodeados por un pueblo que les gritaba “nunca más”?

La respuesta es que la fuerza que cerró ese pacto no fue la que se vió, sino la que no vimos, la subyacente.

Los hechos son la LEY DE PUNTO FINAL  que establecia la prescripción de la acción penal contra los imputados como autores penalmente responsables de haber cometido el delito complejo de desaparición forzada de personas (que involucró detenciones ilegales, torturas y homicidios agravados o asesinatos) de la dictadura militar  que no hubieran sido llamados a declarar en un plazo de 60 días más a los ya 2 años que habían pasado fue  promulgada el 24 de diciembre de 1986 por el presidente Raúl Alfonsín.

Pero al parecer esto fue considerado insuficiente por los golpistas: Necesitaban cerrar las detenciones en las cabezas de la junta.

Por eso en la Semana Santa de 1987 se alzaron contra el gobierno democrático desconociendo la cadena de mandos (incluyendo al mando superior: el presidente de los argentinos) Y APENAS DOS MESES DESPUÉS (pese a que la casa estaba en orden) SALIÓ LA LEY DE OBEDIENCIA DEBIDA

Obediencia debida fue la disposición legal dictada el 4 de junio de 1987  que estableció una presunción respecto de que los delitos cometidos por los miembros de las Fuerzas Armadas durante el Terrorismo de Estado y el autodenominado Proceso de Reorganización Nacional no eran punibles, por haber actuado en virtud de la denominada “obediencia debida” (concepto militar según el cual los suboficiales se limitan a obedecer las órdenes emanadas de sus superiores).

Después vendría Menem con Indultos para todos, al calor de la convertibilidad, pero esa es otra historia.

Yo me pregunto ¿cuántas otras veces habremos celebrado como victorias lo que fue en verdad una derrota popular?

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