FANTAPOLÍTICA: La “AeroIsla del ingeniero Alsogaray”

 

Corrían los 90s: Años de “primer mundo” argentino con dólar equivalente al peso. Todavía no se terminaban de producir las crisis mundiales que -combinadas con el intento re-releccionario de Menem-  terminarían de desbalancear las cuentas. Todavía Página 12 investigaba la corrupción presidencial. En este contexto y con la privatización de los aeropuertos casi a la vista surgió esta entelequia: “la Aeroisla del ingeniero Alsogaray”

Hasta el momento, Alvaro Alsogaray tenía dos referencias fuertes en la sociedad argentina: su vinculación con los regímenes militares y cierto prestigio como “gurú económico”  ganado quizás a fuerza de sostener a ultranza políticas económicas neo-liberales.

Sin embargo, a mediados de los noventa y parado sobre el enamoramiento del menemismo con su familia, Alsogaray sacó a relucir su título de ingeniero.

Decía Clarín el 22 de agosto de 1996:

El ingeniero Álvaro Alsogaray y los integrantes del consorcio holandés que está interesado en construir una aeroísla frente al Aeroparque, presentaron ayer un nuevo proyecto, más amplio, ante el jefe del gabinete, Jorge Rodríguez, quien maneja todo lo relacionado con la privatización de los 59 aeropuertos argentinos.

Para entender el repentino interés del mentor de la UCEDE por las políticas aeroespaciales hay que tener presentes dos cosas:

1- sus servicios de mediador -o lobbysta con llegada al presidente- no eran gratuitos.

2- Hay que tener muy presentes los montos multimillonarios en dólares que se manejaban, a saber:

“Propone invertir 1.600 millones de dólares en una aeroísla de 580 hectáreas -más grande que la anterior, que tenía 323 hectáreas- y reemplazar no solamente al Aeroparque sino también a Ezeiza. Este último aeropuerto quedaría como base militar, mientras las tierras de Aeroparque quedarían libres para otros usos, pero ya no serían parte de pago del proyecto, como se planteó originariamente.

Como se ve, era un negocio “win-win” ya que no solo inventaba un mamotreto en pleno Rio de la Plata, sino que “liberaba” las costosísimas y gigantes tierras del aeroparque que -con seguridad- no serían destinadas a ampliar la villa 31 muy menor en tamaño por aquellos días.

Fuerte como estaba en aquellos tiempos, Alsogaray no pedía: sino que  bajaba línea:

“Alsogaray explicó que “la ley de privatización de aeropuertos, que tiene media sanción del Senado, tendrá que compatibilizarse con este proyecto. Habrá una garantía del Estado argentino por 350 millones de dólares, que serán luego reembolsados por la empresa constructora. Ahora queda descartada la venta de las tierras del Aeroparque Jorge Newbery”.

La aeroIsla nunca existió, aunque sí llegó a existir una “AeroIsla S.A”

“El presidente de la empresa Aeroísla SA -integrante argentina del consorcio- , Alberto Goti, explicó que “no hay ningún contrato firmado con el gobierno, estamos presentando una idea que creemos va a mejorar las terminales aéreas argentinas. Pensamos en un proyecto más ambicioso que el anterior, una aeroísla que tendrá dos pistas de 3.500 metros, instalaciones de servicios por 130.000 metros cuadrados, conexión con la autopista que pasa por la Costanera y un futuro empalme para el subte C. Hablamos de un aeropuerto que podrá atender un tráfico comercial de 13 millones de personas dentro de seis años, cuando esté terminado. Habrá también un hotel de diez pisos”.

Para algunos la Aero Isla nunca fue más que un intento por quedarse con la explotación de los aeropuertos (cosa que finalmente lograría otro grupo cercano a Menem) a través del proyecto de una obra multimillonaria en dólares que además ofrecía como botín el loteo de una mini ciudad comparable con puerto Madero que dejaría el actual aeroparque al ser trasladado

Goti comentó que “nuestra idea es que, mientras dure la construcción de esta aeroísla, nosotros vamos a explotar los servicios del Aeroparque y de Ezeiza. En esos aeropuertos invertiremos 60 millones de dólares para mejorar su operabilidad. Cuando esté terminada, la aeroísla podría seguir sin ampliaciones hasta el año 2020, porque tendrá capacidad para atender hasta 28 millones de pasajeros anuales”.

A veces, cuando vuelo, me da pena aterrizar en el piso firme del Jorge Newbery. Sería mucho más glamoroso hacerlo en la húmeda y brumosa aeroisla que yace ahora -cual una autóctona Pompeya- en los registros de los cataclismos de nuestra Fanta-política

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