Las recientes elecciones celebradas en Venezuela dejan un interrogante que parece  calcado en Argentina:  Justifica la obtención de la mitad mayorítaria de los votos  la imposición de medidas  por sobre y contra la mitad minoritaria? O los cambios a nivel “modelo país” deberían surgir de un consenso que respete a mayoría –pero también- a minorías de forma tal que ante el cambio de las mayorías circustanciales electorales el rumbo no fuera alterado?

El domingo por la noche Capriles reconoció prontamente la derrota. En su discurso –sin embargo- le pidió a Chavez que tuviese presente que un poco menos de la mitad había votado en contra del gobierno y merecía respeto,  ya que al fin y al cabo eran también venezolanos.

Seguidamente Chavez respondió en tono Magnánimo que felicitaba a la oposición por su actitud democrática, pero que… “Este era un triunfo del pueblo venezolano”.

No se refería al triunfo del pueblo votando en paz: se refería a su triunfo propio. La pregunta es: Y los que no son chavistas? No son pueblo?

Así se piensa y así se gobierna: para sectores.

Imagino a alguien contestándome que “la oposición es la oligarquía y los sectores de poder”. Si? Tantos oligarcas? (casi la mitad, recuerden) Sería como  un barco con 54 marineros y 46 capitanes?

El problema es que la misma situación parece darse en argentina. Raúl Alfonsín y Cristina Fernandez de Kirchner  tiene algo en común: los dos accedieron al cargo de “Presidente de TODOS los argentinos”.

Sin embargo en el caso de Alfonsí la palabra “Todos” parecía tener un carácter inclusivo: pese a que hay una oposición fuerte el gobierno radical incluye a TODOS los argentinos de manera que sus decisiones y discursos tengan  en cuenta a todos los sectores”.

En el caso de Cristina –en cambio- la palabra “Todos” parece tener un carácter impositivo: “No nos importa que un poco menos de la mitad esté en contra; ganamos nosotros y por lo tanto van a tener que acatar las decisiones del gobierno aunque no les guste (cosa que nos importa cero)”

No creo que así funcionen las grandes democracias que admiramos. Ahora… es “la culpa” de Cristina? Yo –modestamente- creo que no. Supongo que un importante sector de la población, al quedarse si representación política regaló el espacio. Y el peronismo –en cualquiera de sus versiones- nunca fue lento para avanzar.

Claro que es fácil echarle la culpa al “Kirchnerismo”, pero si la única expresión que este importante sector social argentino encuentra es “el cacerolazo” no puedo ser muy optimista.

El límite a lo que muchos consideran los excesos del kirchnerismo debería ponérselos la misma política (garantizando que las instituciones y el resto de los poderes no fuesen apéndices del poder de turno, tendencia que existe en todo el mundo y se acrecienta si no hay contralor)

Se supone que el gobierno debería investigarse e inculparse a sí mismo por sus excesos o su posibles delitos?

Y quién debería hacerlo?

Pienso nuevamente en Venezuela y creo que ellos están mejor: tienen un gobierno y tienen una oposición. Eso, claro,  si no resulta que fue todo apenas un mero armado electoralista y Capriles desparace o se diluye tras la derrota.

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