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Al principio cuesta aceptarlos.

Los ves y no los reconocés: no se parecen a los anteriores, no son como los viejos amores.

Duele porque ya estabas encariñada, adecuada, acostumbrada, y ellos hicieron parte de tu mundo. Pero partieron.

Entonces le das vueltas, tratás de engañarte y pensar que las cosas que pasaron no han sucedido. Querés creer que el tiempo no cambió las cosas. Pero es inútil.

Los viejos, los anteriores, ya están en el pasado, ya son recuerdos y hay que abrirse a los nuevos.

Y te decís “la vida es cambio”, “Hay que seguir adelante” y otras frases de ocasión que no traen siquiera un magro alivio.

Pero hay que aceptarlos. Hay que abrirse.

Al principio cuesta aceptarlos, pero llegaron para quedarse:

Hola nuevos precios!

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