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Pasaron dos años, ya. Casi que nos fuimos acostumbrando al rito de cada 22 en la estación de Once, que cobraba mayor importancia cada vez que -lamentablemente- algún episodio volvía a involucrar trenes y a veces también muertos como para que la atención se vuelva a los familiares y el público diga: “tiene razón esta gente” 

 Pasaron dos años, ya. Casi que nos fuimos acostumbrando a escuchar el reclamo de los familiares de las víctimas: “Justicia” como los familiares de las víctimas de la AMIA ( y cuántos años pasaron ya?). El mismo reclamo: “Justicia” eso tan pedido en mi país… y tan escaso!

Recuerdos de ese día

Muchos cronistas estábamos esa mañana “solazándonos” en el puerto de cruceros de Buenos Aires. Se suponía que esa mañana llegaba un crucero con gente presuntamente contagiada por una bacteria. No solo estábamos nosotros, la prensa: también con sus ambulancias lustrosas -y siempre de frente a las cámaras- estaban las ambulancias del SAME con sus responsables prestos a brindar “tranquilizadores declaraciones”

Ni se imaginaban lo que les esperaba esa mañana!… nosotros tampoco.

De repente, y antes de que los supuestos navegantes infectados del crucero empezaran a bajar, las ambulancias empezaron a irse. Nos llamó la atención. Alcanzamos a preguntarle a un ambulanciero qué pasaba y nos respondió: “Hubo un choque grande de trenes en Once”

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Llegamos apenas unos pocos minutos detrás de las ambulancias a la estación. De hecho, la policía ni siquiera había llegado a cerrar la zona, así que pudimos entrar y ver lo que se vivía en esos momentos: desesperación, gente que corría: bomberos y ferroviarios en el andén, gente del SAME por Mitre, víctimas en el hall y policía todo alrededor. Todos corriendo.

Entonces empezó a destacarse el trabajo de l gente del SAME y la Guardia de Auxilio: sacaban a las víctimas en grupos y por prioridades. Pudimos ver eso que llaman “Triage” organizarse en el lugar: una constante y permanente clasificación de gente (primero los que estaban inconscientes, tirados, después los contusos y finalmente lo que estaban en shock, pero sin un rasguño). Mientras esto pasaba en el hall la cll Mitre y su acceso a la estación se había convertido en una verdadera “cabecera de playa” por donde no terminaban nunca de llegar ambulancias y hasta helicópteros. Todos hacían lo mismo: llegar, cargar e irse. Todos en tiempos dinos dl “equipo Ferrari de fórmula 1” y -aparentemente- con la misma eficiencia.

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Ver llegar a Juan Pablo Schiavi en ese momento, para algunos, fue inesperado: el entonces responsable del Transporte en la Argentina comenzó a brindar declaraciones de ocasión diciendo más o menos que estaba todo bien. Hasta entonces todo parceía “un gran susto” -otro más- que nos deparaban los trenes en los últimos tiempos…

Entonces vimos algo, un gesto inequívoco para los que trabajámos en la calle: la “Policía Científica” comenzó a preparar un biombo que nos impedía el contacto visual con el tren: Tenía que haber muertos

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Lo que vino después es lo que todos sabemos: ver crecer la lista de muertos, escuchar atrocidades de -ahora- ex ministros y secretarios, que “Si Paolo murió por estar en un lugar prohibido” o que la lista mortuoria era grande porque “Infelizmente esto no pasó el día anterior que era feriado” o bien “la culpa es de esa costumbre argentina de amucharse en el primer vagón cuando el tren está llegando”

Hoy, a dos años de la tragedia, esto tan argentino: Nadie Preso. Los Cirigliano “en sus cosas” y el pueblo esperando justicia, eso que siempre pedimos acá y tanto parece escasear.

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Recuerdo de los 13 meses:

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