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En 2008 me enviaron a España a cubrir las elecciones generales. Recuerdo entonces, que subí a un taxi de Madrid, cuyos colores me encantaron por razones futbolísticas, y recuerdo también el siguiente diálogo:

-“Buen día, puede llevarme al bunker del PSOE?, sabe dónde es?”

El taxista giró la cabeza para mirarme y exclamó -” Pues… en el PSOE!”

Transcurrí el resto del viaje callado, pensando en qué momento y por qué, algo tan obvio se ocultó para muchos de nosotros.

Efectivamente, en los primeros años de nuestra recuperación democrática, a nadie se le hubiese preguntar por el “Bunker Radical”: cualquier persona medianamente informada sabía que el Comité Nacional de la UCR quedaba en Alsina y Entre Rios.

Pero al tiempo empezaron las “cosas raras”: armados que aparecían exclusivamente para las elecciones y se desintegraban minutos después, candidaturas personales, Partidos que abrían su interna en varias candidaturas simultáneas para una misma elección, Partidos “PyME” a medida de alguien… cosas tales no podían tener la lógica estructura e infraestructura de un partido tradicional. Ni tampoco, a los largo del tiempo, sus prestaciones.

Comenzamos a ver entonces Candidatos que en lugar de tener una sede partidaria tenían “Bunker” (No se asusten, no se trata de ningún refugio contra bombardeos). En su nueva significación, el bunker pasaba a ser el hotel, boliche o lugar para eventos que se preparaba para reunir a los candidatos en la jornada de elección, atender a la prensa y monitorear los resultados.

Más allá de la metáfora, construcciones tan efímeras y tanta utilería, eran el correlato de lo que pasaba en la política. Así llegamos a los cacerolazos, al “que se vayan todos” y al primer Nestor Kirchner presidente asegurando (creo que con razón) que “los partidos se habían convertido en cáscaras vacías”.

Con sus defectos y virtudes, el kirchnerismo reinstaló la discusión política en la sociedad argentina como alternativa a la “Anti-política” que todavía vemos. En este nuevo-viejo contexto también confrontan ideologías tradicionales y Partidos Políticos diversos contra el cartón pintado de los armados electoralistas y la ideología marketinera de los seguidores de encuestas.

Felizmente, somos nosotros, con nuestras circunstancias, quienes decidiremos, una vez más.

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