Photoshop

A cuánta gente que forma parte de tu cotidianeidad no conocés personalmente?

La mediatización no es un fenómeno nuevo: desde siempre conociste a las personalidades públicas por el aspecto que ellas representaban o mostraban de sí mismas en los medios. Esto en general se ajustaba a las características del personaje que se representaba para la sociedad: los políticos podían ser serios y sagaces (hoy agregaríamos honestos), las estrellas del arte lindas, virtuosas, vanguardistas (hoy agregaríamos jóvenes).

Sin embargo, desde hace un tiempo, con la digitalización la brecha entre “realidad” y “virtualidad” parece haberse ampliado. Las nuevas tecnologías permiten un manejo excesivo y abusivo de la imagen, por lo que una persona puede sacarse muchos años de encima, al menos en un cartel. Esto en los tiempos que corren parece ser importantísimo.

La pregunta es qué pasa cuando no hablamos de un actor o una cantante sino de un político? es decir: cómo aplica la “adulteración de la realidad” cuando quién la ejerce no quiere venderte una entrada sino manejarte un presupuesto público y en cierta forma tu destino o tu modo de vida?

En estos casos ya no se trata meramente de imágenes sonrientes y deportivas, sino también de frases, slogans, conceptos mayormente vagos y generales. La imagen reemplazando el contenido.

A esta situación novedosa hay que agregarles que son contadas las veces que un votante puede hablar personalmente con el candidato para preguntarle lo que realmente le interesa. Y cuando ocasionalmente el encuentro tiene lugar, la cosa no suele pasar más allá de un saludo.

No se trata de evaluar al candidato en su nivel intelectual o psico físico, se trata de saber mínimamente qué piensa hacer con las cuestiones que nos importan…y cómo piensa hacerlas!

En nombre de la imagen y los tiempos que corren, o de “La era del zapping”, nadie sabe concretamente qué plantea cada uno. El tema es que su nombre y su rostro se reconozca. Para esto hay ejércitos o “equipos de comunicación” destinados a filtrar cualquier cosa que pudiese salir de la boca del candidato para restarle votos.

En la era del microblogging, muchos tienen cuentas de twitter que no manejan, “alguien” tuitea por ellos (aunque la frase salga con nombre y rostro del aspirante al cargo).

El problema es que todas estas nuevas tecnologías y canales comunicacionales, en lugar de mejorar la comunicación, la cercanía, la proximidad entre la figura (un político en este caso) y la gente que debe votar, mas bien logra el efecto contrario: amplía la brecha, sublima la virtualidad al punto de no saber si en realidad esa foto y ese nombre con el cuál uno está chateando o de quién lee una idea, o un compromiso se trata efectivamente de quién dice ser.

Tal vez debamos, en un futuro no muy lejano, buscar avances en este sentido.

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