venda-de-los-ojos

Algo extraño está pasando desde hace algunos años, explico:

Tuiteo por ejemplo: “Qué buena y qué útil quedó la obra del Metrobus en la 9 de julio”

Entonces salen unos a responderme: “Claro, a vos te paga Macri” o “vos laburás para tal o para cual”…

Pero en cambio cuando tuiteo: “Qué desastre el tema de la venta ambulante en Once, no pudieron resolverlo nunca”

Ahí salen otros a responderme: “Uds. los Ks nunca tendrán la ciudad” o “hablás mucho con Aníbal” o “Qué miedo cómo está subiendo Macri, no?”

Lo increíble es que para mí, esos dos tweets están más cerca de ser hechos que opiniones y sin embargo eso no parece importarle a nadie. Dicho de otra forma: Da la impresión que ya no se puede opinar desde la mera experiencia de enfrentar un hacho en particular, solo se puede rumiar conceptos pre digeridos desde las ideologías o sectores políticos y con carácter corporativo.

Si lo que dijiste es cierto o una mera opinión respetable parece -por estos días- ser secundario. Lo importante es: Con qué fin lo decís? Quién te manda? Cómo les cae esto que decís a “La Grieta”?

Esta lógica, plenamente comprensible en la militancia política es incomprensible en quién dice ser periodista. Porque quien trabaja con las noticias, con lo que pasa, con lo que ve y encuentra al llegar al lugar o la situación no puede cubrir una noticia con el preconcepto de su “palo político”.

Por qué digo “preconcepto”? fácil: por que ya sabemos de antemano qué opiniones serán a favor y cuáles en contra del hecho sucedido o de la medida política en cuestión. Y sino, busquen en Clarín un elogio de una sola medida del sector que lleva tres gestiones gobernando al país.

Todos los días, desde los dos lados de la Grieta, partidarios del “Todo o nada” dan informes y opiniones intencionalmente disociados con la realidad (que rara vez resulta ser a “Todo o nada” y suele ser gris a pintitas…)

El dar opiniones como si fuesen informaciones, o brindar informes basados en la intención de influir más que en la observación de la realidad (aún con las propias limitaciones) constituye una mala praxis en colegas y en medios, aún que fuesen medios abiertamente partidarios.  En esto nos diferenciamos de la “Propaganda” ya que el periodismo se trata de narrar lo que -uno entiende- ha sucedido o está sucediendo y no de DICTAR lo que debería suceder o según los designios de nuestros intereses)

Entonces vienen los que te hablan de la falta de “objetividad” (algo obvio porque no somos objetos) y del compromiso político y el “Periodismo Militante”. Déjenme decirles algo: Es sumamente valioso y conocemos –de siempre, no de ahora- a la gente que tiene compromiso político y hace periodismo militante. Pero eso es algo bien distinto de hacer propagandismo gacetillero.

Como dije, entiendo estas “demandas de posicionamiento” viniendo de los políticos. Ellos nos ven como “Francotiradores que no sabés de dónde tiran”…

Y así debe ser! Si es que el periodismo va a cumplir su función fiscalizadora del poder y sus zonas erróneas!

Cuando este momento político sea historia y la “crispación” elegida como sistema a instancias de Laclau haya pasado, probablemente todos volverán a su “centro periodístico” proclamando “libertad de pensamiento” y negando la pertenencia de estos días a alguno de los lados de “la grieta” con sus prejuicios antiperiodísticos.

Tengo para mí que –en mi insignificancia periodística- nunca me vendí, no simplifiqué eligiendo un palo como en las definiciones a penales, y mientras veo a mi alrededor a casi todos “perder la cabeza” como diría Kipling en su “If” yo lucho todos los días por conservar la mía: Por poder decirle al público lo que veo. Por explicar lo conveniente o no que me parece una medida, independientemente de quién la produce.

Y así voy a seguir, por propia decisión, porque es mi vocación. Aunque a mi alrededor me cueste cada vez más distinguir a periodistas de prenseros.

Al que le quepa el sayo…

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