MACRI_ojos

Ganó “Cambiemos”. De hecho “Cambio” fue la palabra de esta campaña: hasta el propio candidato oficialista la usó cuando las papas empezaban a quemarle. Seguramente en lo particular, el ascenso de Macri a la Presidencia supondrá un cambio consistente en un giro a la derecha. Pero hay otro cambio en lo general del que nadie parece estar hablando: la vuelta del Bipartidismo.

Mucho se ha hablado por estos días del cambio que supone a los actuales lineamientos políticos nacionales e internacionales la elección de Mauricio Macri como primer mandatario argentino.
El manejo distinto del tipo cambiario, la orientación hacia el mundo privado a la hora de nombrar funcionarios, la relación con Venezuela son algunos de los temas que –con seguridad- cambiarán a partir de la nueva gestión. Pero más allá del “estilo Macri” tan diferente de “El Modelo Cristinista” implica una modificación fundamental en la escena política argentina del que pocos hablan: la vuelta del bipartidismo.
En diciembre de 2001, además del gobierno de De la Rúa, lo que voló por los aires fue el bipartidismo argentino. Sistema que había sido severamente dañado en el menemismo, cuando el radicalismo dejó de ser una opción presidencialista a nivel nacional. Le cupo entonces a “la Alianza” integrada por peronistas díscolos liderados por el Chacho Alvarez y radicales sobrevivientes al hundimiento de la UCR, el rol de opción en la alternancia: ya era entonces una oportunidad “Extra” para el bipartidismo nacional.
Cuando tras las elecciones legislativas de Octubre de 2001 (las de clemente y el voto salame) el peronismo cortó la línea sucesoria instalando al justicialista Mario Puerta como titular del Senado, el golpe (si se me permite tan fuerte palabra) al bipartidismo ya estaba asestado: un peronista sucedería al radical De la Rua en caso de no poder finalizar su mandato. Insólito.
Lo que sobrevino al naufragio de la Alianza (semana de los 5 presidentes incluída) fue la idea de que “Sólo el peronismo era apto para gobernar la Argentina”.
A partir de ese momento las elecciones se convirtieron en verdaderas “Internas abiertas” del peronismo, que era casi para todos “la única opción viable”.
Así las cosas, empezaron a formarse las parejas peronistas de candidatos compitiendo por la presidencia entre sí: Duhalde contra Rodríguez Saa, Kirchner contra Menem, Cristina ya contra nadie.
La última elección del Cristina fue el acabose de cualquier atisbo de bipartidismo: No solamente se produjo el famoso 54%, sino que también los siguientes puestos estuvieron repartidos entre un trío imposible conformado por Binner, Alfonsin Jr y Alberto Rodríguez saa que juntaron el 17, 11 y el 7% de los votos, respectivamente.
Hasta que apareció Macri en la escena nacional: Nuevamente en alianza con el radicalismo, cuya maquinaria electoral fue fundamental a la hora de contar y defender los porotos.

La novedad es que Macri no asume en medio de escombros y cenizas peronistas, sino que poseé apenas un par de puntos más, suficientes para gobernar, pero no para hacerlo en la soledad que Cristina conoció.

CFK gozó de una oposición inútil a los efectos de contralor: grupos dispersos e inconexos, cuya oposición parlamentaria no servía para negociar nada. Los pocos que negociaban, pactaban alianzas coyunturales con el oficialismo. Uno de los íconos de la oposición era Elisa Carrió, cuya virtud era mayormente pronunciar un discurso opositor incendiario y posteriormente retirarse del recinto, algo muy lejano a conformar un bloque opositor fuerte con el cuál el oficialismo debiese negociar.
Macri deberá ser presidente de un país que tendrá oficialismo y oposición, pero oposición de verdad: cohesionada y liderada por alguien cuyo nombre está por verse.

Anuncios