Pocas cosas se mantienen hoy como en 1993. En esa época, si dos personas querían retratarse, llamaban a un tercero. A casi nadie se le ocurría sacar fotos de lo que estaba comiendo y si se quería ver una película, había que ir al videoclub. Básicamente, hoy existe intenet, las noticias ya no se leen sobre papel,  el mundo se ha globalizado, con él las comunicaciones y con ellas las transacciones y el movimiento de divisas. Pero hay una cosa que permanece igual que hace 23 años: la extradición a los Estados Unidos sigue siendo el cuco de los grandes capos narcos mundiales. Hoy como ayer…

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El chapo Guzmán -contrariamente a lo que los consejeros de Seguridad pensaban-  volvió a caer. Es insólita explicación que dan para la caída de una cabeza delictivamente brillante como la suya: Dicen que el Chapo, se relajó, “se la creyó”, que compró su propia leyenda y se descuidó.

Una  figura del crimen, el Narco más buscado del mundo, una celebrity cuyos millones son auditados por “Forbes”… Lo que se dice un “Rock Star”. Tanto así como para haberle arrebatado la tapa de la “Rolling Stone” a David Bowie.

La prensa del mundo corre tras el operativo que signó su caída, tras el Jefe de Comandos de la Marina Mexicana que lo detuvo, tras Sean Penn y Kate del Catillo y de cualquiera que suene a narco y mexicano. El famoso programa de la TV norteamericana “60 Minutes” produce por estos días su cuarto informe sobre el Capo de los Narcos.

Mientras todo ese ruido necesario para la “Media” se produce, la música está en otra parte: una verdadera batalla judicial -convenientemente abastecida por los millones del Chapo- se desata en torno a una cuestión clave: “Extradición sí” o “Extradición no”.

Todo se parece mucho a un revival nefasto de la historia de Pablo Escobar y sus “Extraditables” que tantos miles de muertos sembraron en Colombia, muchos de ellos precisamente, para “convencer” a jueces y funcionarios colombianos de que los jefes del Cartel de Medellín debían ser juzgados en casa.

Hoy como ayer, la historia se repite.

El capo de Sinaloa sabe, igual que sabía el capo de Medellín, que una cárcel en Estados unidos no le permitirá gozar de los privilegios que cada uno de ellos conoció en los presidios de sus respectivos países.

Sin emabargo, el Jefe de Abogados del Chapo Guzmán ha declarado recientemente que no descarta negociar condiciones para deportar a su defendido con las autoridades estadounidenses.

Pero, ¿por qué iría el defensor de el Chapo contra sus intereses?

Recientemente, el Capo mexicano denunció que “sufre tortura física y mental por parte de sus captores en la cárcel de El Altiplano”. Según los letrados de Guzmán, el Capo de Sinaloa es vigilado permanentemente por un perro que no se le despega, sus guardias le ponen música a altísimo volumen por las noches y lo despiertan cada dos horas para asegurarse de que no se ha vuelto a escapar.

Esta parece ser la táctica escogida por las autoridades mexicanas para que el el propio Jefe Narco sea quien pida ir a ese infierno tan temido: “la cárcel gringa”.

 

 

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