Jesús estuvo encerrado todo el año en el ropero. Ahora lo sacaron porque llegó la Navidad. Le pasaron el plumero, lo rodearon y peinaron, y le cubrieron el cuerpo con papeles de colores.

Lo pusieron en el árbol con estrellas y velitas entre guirnaldas y nieve hecha con fibra de vidrio.
Ahora que la familia se distrae con el alcohol, Jesús se baja del árbol y escapa por la ventana…

Corre, corre, Jesús,  que no te alcance la gente, no vaya que te suceda lo que ya te sucedió…

Jesús escapa del templo donde el cura lo encadena y del vendedor de biblias que lo ofrece en doce cuotas. De las solteronas feas, de la tía Valentina y de Canela que lo tiene podrido con los consejos…
Jesús escapa de Harrod’s y de los niños cantores que por la calle Florida desafinan villancicos… Escapa de los tenores de la velada de gala donde los nuevos Herodes lo usan como un escudo.

Corre, corre, Jesús, que no te alcance la gente, no vaya que te suceda lo que ya te sucedió…

Jesús escapa de las señoras que sólo le piden, de los señores que lo recuerdan solamente en la Iglesia, de la tristeza del peón, del aburrimiento del patrón, de la televisión que lo anuncia a las doce en punto, de la radio que lo grita a cuenta a cuenta de la Coca Cola, de los bomberos voluntarios de Villa Eleonora que lo pasean en la autobomba para publicitar la rifa de fin de año… Del Trust Joyero Relojero que lo ilumina casi tanto como la Municipalidad de Morón… De los gordos idiotas de barba de algodón que reparten idioteces y turrones, de los mormones, de los profetas que en los salones le calman la conciencia a los ladrones, de los llorones que lo crucifican cada año… Jesús escapa por la carretera en busca de una nueva María para refugiarse en su seno y salvarse de esta sociedad mediocre…

Corre, corre, Jesús, que no te alcance la gente, no vaya que te suceda lo que ya te sucedió….

Facundo Cabral


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