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Qué es lo que hace que gente en diferentes países vote a candidatos que prometen metas inalcanzables como hacer de cuenta que China no existe, deportar a 11 millones de inmigrantes o la pobreza cero? Por qué la verdad dejó de ser la base de sustento para ser reemplazada por la emotividad? Cómo fue que lo que queríamos oír se volvió más valioso que lo que veíamos? Para los pensadores actuales esto tiene una explicación: hemos entrado en la era de la “Posverdad”

“Post Truth” (Posverdad) fue la palabra del año de acuerdo con el diccionario de Oxford. El concepto que ya se venía mentando en aulas y claustros debe ser vulgarizado y acercado a la gente, porque ya sea que lo maneje o no, la posverdad nos atraviesa a nivel mundial.

Una primera definición simple podría ser la de wikipedia “ Posverdad es un neologismo que describe la situación en la cual, a la hora de crear y modelar opinión pública, los hechos objetivos tienen menos influencia que las apelaciones a las emociones y a las creencias personales”.

Sin embargo se puede ir más allá y ver qué es lo que dice el profesor  Ralph Keyes, la primera persona en describir la era de la posverdad.

Acerca de cómo inventó el término, Keyes afirma: “Yo vi que mucha gente estaba hablando y escribiendo de manera que no era la verdad… pero tampoco era mentira!”

“La cuestión –prosigue Keyes- es que no era importante si lo que decían era cierto o no: ahí fue donde comprendí que ya los paradigmas de verdadero-falso había cedido ante la era de la posverdad”.

Con respecto a 2016 como año de despegue de la posverdad, llegando incluso a ser reconocido el concepto como “palabra del año” por el diccionario Oxford el profesor de Ohio no tiene dudas: “2016 fue un año político, empezando con el Brexit de Inglaterra, en donde se dijeron muchas cosas que no eran realmente ciertas. En EEUU un candidato en particular, nuestro actual presidente Donald Trump constantemente decía cosas que no eran completamente ciertas como que construiría un gran muro, cosa de la que ya se desdijo en parte o que pondría a Hillary Clinton en la cárcel, cosa que tampoco hará… el punto es que la gente quería creer estas cosas aún cuando sabía que no eran ciertas!”

Lo que plantea la Posverdad es el poder de las emociones por sobre el valor “verdad” al momento de las grandes decisiones. En este sentido Keyes afirma: “Yo sentí que ya no importaba si lo que se decía era cierto o no. En el caso de la política por ejemplo, solo importaba si lo que se decía atraía más votos o no”. En la posverdad no gana quién acierta más a la realidad si no quien dice lo que la gente quiere escuchar, independientemente de que sean cosas de realización imposible, motivo por el cuál el votante debería ser el primero en saberlo.

En la búsqueda de un antídoto, Keyes piensa “Una posible solución sería una generación de periodistas que chequeara y escribiera solamente sobre cosas ciertas. Aún así, el problema sería igualmente que la gente ya no lee los periódicos, si no que van a internet a facebook u otras redes sociales”

Al igual que Umberto Ecco, Bauman y otros pensadores de esta época, Keyes descree de internet porque “En la red no hay manera de chequear cuando una información es verdadera y por eso la gente está leyendo lo que quiere, independientemente de que sea falso”.

Entonces le recuerdan a Keyes que recientemente Google y Facebook decidieron retirar de sus dominios a los portales que habitualmente publican información falsa. Ante esto, Keyes sonríe y pregunta: “Y por qué toman esta medida ahora, cuando Trump ya es presidente?”

Otro interlocutor le pregunta si estamos acaso ante una vuelta a Goebbels (ministro de propaganda nazi) quien sostenía que una mentira repetida  una cantidad suficiente de veces se convertía en una verdad. El profesor responde que “Si, pero de forma diferente porque ahora una mentira no depende de 1000 reiteraciones para volverse una verdad, si no en el énfasis con que se dice: alcanza una sola vez porque el punto es que la gente cree lo que quiere creer, sin importar que no sea cierto”.

Keyes profundiza: “Es como cuando teníamos 5 años y creíamos solo aquello que nos gustaba y convenía, el punto es que ahora no sucede entre niños, si no entre adultos y con cuestiones como la política y el mundo, creyendo en lo que queremos creer por simpatía y empatía sin importar que sea falso.”

Mientras tanto parecemos condenados a seguir agrupándonos en tribus de ciegos antagónicos que creen que algo es blanco solo porque su enemigo dijo que era negro o que es negro porque su cacique así lo afirma con convicción.

La salida a este nuevo laberinto no aparece con claridad hoy día. Keyes dice que “Cuando tengamos ya algunos años de posverdad y hayamos podido ver que tenemos una manera de hablar y escribir que descuidó a la verdad, y cuando los votantes vean que votaron a políticos que no cumplen ni de cerca con lo que prometieron, entonces volveremos al comienzo y buscaremos nuevamente –equivocados o no- a la verdad como valor”.

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