Por qué las nuevas tecnologías propician la difusión de noticias falsas

En un mundo donde los “clics” son plata y el caudal de información fluye renovándose ya no por días sino a cada hora, la tentación de la “noticia ganchera” es lo suficientemente grande como para que muchos prefieran inventársela a medida.

Un mito periodístico local le atribuye a un veterano periodista (que no es ningún Chiche) la sentencia “Nunca dejes que la verdad te arruine una buena nota”.  Esa antigua cita cifra las “Fake News” tan en boga en el mundo de hoy.

Es que en Argentina, como en tantas otras situaciones, fuimos pioneros de las noticias falsas. Pa muestra baste un “gran diario argentino” titulando acusaciones gravísimas en potencial y a título catástrofe en tapa para desmentirse después en un sueltito perdido en el interior del periódico.

El origen de las “Fake News” suele ser político y con motivos meramente electoralistas. Sin embargo en los últimos tiempos el fenómeno se ha extendido a la venta de productos y de contenidos de los propios medios.

Antiguamente la elección de nuestra fuente de noticias implicaba un presupuesto de confianza, porque el hecho de tomar la decisión de comprar un diario o una revista implicaba un gasto de dinero, lo que equivale a decir que era necesario cierto prestigio para ser el depositario de la elección. Sin embargo, el mundo de la nueva media ha hecho el acto de acceder a información algo más light: apenas librado a un clic.

El punto es que en los nuevos estándares, los clics son plata. De ahí que en páginas que originalmente eran de noticias hayan aparecido señoritas pulposas y chimentos de espectáculos.

El problema arrancó cuando -en busca de mayor afluencia de público y para hacer noticias atractivas- se tomaron las antiguas técnicas del mundo del espectáculo, abastecido de chimentos, romances y falsedades publicitarias para utilizarlas en el mundo de las noticias políticas, antiguamente reservadas para editorialistas y especializados.

En el mundo del entretenimiento –siempre se supo- la verdad quedaba subordinada a la promoción: nadie se quejó jamás porque en ese mundo, lindero al de la ficción, por un romance ficticio o una noticia mendaz, porque lo importante era ser conocido. “Antes muerto que ignoto”.

Pero en los últimos tiempos este tipo de prácticas se ha extendido al mundo de la política –a veces fomentadas por los propios candidatos- y así se inventan romances glamorosos y lo que es peor: se falsean opiniones, antecedentes e historias.

Para cuando la mentira cayó, ya el globo se ha volado empujado por un huracán de clics en un título que no es cierto pero es llamativo. Porque el hecho es que la espectacularidad y ya no la veracidad es la meta en el mundo líquido de los clics de cada hora.

Cabe decir que efectos semejantes se replican en medios como la TV en donde el rating “minuto a minuto” ha hecho estragos.

Alguno dirá: “En hora buena porque así se mejoran los contenidos”. Modestamente me permito discrepar, porque “buena es la sal en la comida, pero no podemos comer todo muy salado”.

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