Seguir viviendo sin tu odio

Todos los hemos visto y algunos los hemos padecido: Alguien, generalmente oculto tras un seudónimo o un nombre falso, sentencia con fuerza de verdad algo que parece ser cierto pero nadie ha comprobado o contrastado con la realidad. Sin embargo el apoyo y la amplificación de miles de peones que repiten, afirman y dan ejemplos a la manera de Goebbels vienen a “despejar las dudas”. Así por “simpatía” el público da por probada la especie… y nadie queda a salvo!

En una nota recientemente publicada en “La Nación” el destacado periodista de investigación Hugo Alconada Mon explicó la manera en que consultores contratados por dirigentes políticos y FUNCIONARIOS manipulan a la población a través de ejércitos de trolls en cuentas truchas por redes sociales, destinados a instalar temas falsos para desacreditar a rivales y referentes sociales.

Las hay mentiras lisas y llanas, como por ejemplo los incontables avisos de saqueos en noches de viernes de veranos pasados, también presuntos viajes de personalidades políticas o gremiales utilizando fotos viejas o trucadas, hasta medias verdades sin contrastar como la famosa “PyME Solanas” en alusión al Senador Fernando Solanas de quién se dijo que tenía más de 2 decenas de asesores pero nunca se explicó que ES LA CANTIDAD QUE CORRESPONDE A TODOS Y CADA UNO DE LOS SENADORES según las comisiones y presidencias que ocupe… pero el pago a estas “máquinas de ensuciar estaba referido exclusivamente al cineasta de manera que solo él pareciera ser el “empleador de asesores” en el Senado.

Estos ejércitos de trolls instalan sus basuras y las refuerzan con hash tags a los que todos  los trolls apoyan, blindándolos como en un juego de ajedrez, con caballos y alfiles que salen a cruzar a cualquiera que intente contradecirlos o aclarar que se está difundiendo una falsedad.

Trabajan sobre el costado emotivo de la gente: apelan a cosas, frases o imágenes que generan rechazo para predisponer mal al público, que cuando llega a la sustancia de la estructura de la mentira no se detiene a pensar sino que rechaza visceralmente, sin hacerse demasiadas preguntas. El público preferido de estos ejércitos no reconoce edades ni niveles sociales, pero tiene un hilo conductor: ha renunciado al pensamiento crítico para alinearse tras del bando por el que siente “simpatía”, de manera que dará por cierto lo improbable y negará lo evidente si así lo ordenaran los altos mandos trolls.

La vacuna, el antídoto contra esta peste es tan simple que aterra: consiste en predisponerse mentalmente, ponerse en estado de ánimo lo más intelectual y racional posible. Ellos quieren que no pienses, que te sumes a la banda que apredrea, al coro que insulta, a la masa que patea al tipo que está en el suelo. Saben que la manada es una tentación. Pero todo el hechizo se rompe si nos detenemos 3 segundos a pensar. El embeleco se cae si nos detenemos a reflexionar sobre lo que leemos, que el embrujo se detiene si nos hacemos tres preguntas:

Es esto cierto? Quién lo dice? Qué pruebas existen?

Dicen las brujas que no existen, pero que las hay las hay, que una vez formuladas estas tres preguntas solo permanece hechizado quien así lo desea.

Hasta luego.

 

 

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