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La casa que perdí

La vida me llevó el otro día a pasar por el frente de la que iba a ser mi casa. Un día antes de firmar el boleto me llamaron para decirme que ya la habían vendido a otra persona, pese a estar señada. Sentí una tristeza enorme: no sólo porque me la arrebataban mal, sino porque realmente la deseábamos.


Esa mañana tras recibir el llamado me fuí hasta el club y empecé a patear penales contra un arco vacío. Lo hice tanto y con tanta fuerza, que quedé rengueando por una semana. No sabía cómo desahogarme!

Teníamos tantos planes para esa casa! La ubicación de los muebles viejos, el diseño de los muebles nuevos… y casarnos, claro. Pero repentinamente todo había quedado en la nada.


Traté de hacer de tripas corazón y de “ponerle onda” y le dije a mi novia que no pasaba nada, que ya íbamos encontrar otra cosa mejor.  Pero la verdad fue otra: el tiempo fue pasando, los precios subían y las propiedades buenas y a tiro nuestro escaseaban. y como si fuera una metáfora, o dos historias en paralelo, la búsqueda fallida de nuestra casa fue limando la relación. Y aparecieron más gritos, más peleas, más discusiones, más discordia. Pero nosotros seguíamos adelante como si esto se tratara de vengar a la casa perdida.


Finalmente mí novia se decidió por una casa que a mí no me convencía. Yo quise entonces “Cuidarla” a ella, priorizar a nuestra pareja y tras darle un par de vueltas acepté esta nueva casa sin objeciones.


Esta vez la historia fue semejante aunque diferente: cuando se acercaba la fecha del boleto, ella me dijo que no quería seguir en el proyecto de la casa… ni conmigo!


Esta vez la pérdida era doble: recordé la renguera de la vez anterior y me abstuve de patear penales. Me sentí, una vez más, un poco miserable.


Pero el tiempo no tardó en pasar hasta que tuve otra sorpresa y esta vez -al fin- una buena:  apareció el verdadero amor. Lo reconocí fácilmente porque con esta otra mujer no había nada que “cuidar” ni “defender”. Las ganas se nos multiplicaban, los proyectos florecían y todo fluía amorosamente, hasta nuestros desacuerdos. Especialmente nuestros desacuerdos.


Volví a pensar en la casa y la relación anterior perdidas, pero esta vez de manera diferente:


Me imaginé pagando un crédito  10 años por la casa que ya no compartía con una mujer con la que ya no estaba.


Pensé entonces que podría aún ser peor: podría seguir atrapado en esa relación anterior, esforzándome por caber, haciendo fuerza y resignando creyendo que esa era realmente mi casa y mí hogar.


Le agradecí al cielo por cómo se dieron las cosas. Le agradecí a dios por esta libertad.


Porque en el final lo único irrecuperable es el tiempo perdido.


Y cada día que pasé atrapado en esa relación a la que creía defender y cuidar, y cada día que pasé lamentándome por su pérdida, fueron días en los que me negué a lo que estaba por venir.  Días perdidos y como ya conté, días que no se pueden recuperar.


Comparto esto tan privado porque me entristece pensar que pudiera existir alguien atrapado en una relación así o llorando la pérdida de una historia cómo esta.


Ojalá le sea útil a alguien.



Buenas noches.

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Opinión

marianorinaldi Ver todo

Periodista. Cronista.
Conduzco de "La Semana que Viene" programa que se emite por Radio Simphony.
También trabajo en el programa "En la trinchera" de Radio Led.
Fui Cronista de "El Exprimidor" (2002 hasta su finalización en 2019) reemplazando a Ari Paluch en la conducción en varias ocasiones.
Cronista de "El Rotativo del Aire" de Radio Rivadavia (entre 2001 y 2010).
Acreditado en Casa de Gobierno (2003/2018).
También Cronista y asesor parlamentario.
Realicé coberturas nacionales e internacionales como enviado por ejemplo al rescate de los mineros en Chile, Elecciones en España y Paraguay, Aniversario del Atentado de Atocha en Madrid entre otras cosas.

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