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Abrazo en el cielo

Cuando Andrea murió a mediados de 2024 pensé en qué gran ironía era que su mamá la hubiera sobrevivido. Marisa además de su edad avanzada, tenía muchos problemas de salud por los cuales ya en dos ocasiones diferentes, los médicos le habían pedido a Andrea que se despidiera de ella. Mi preocupación era cómo la contendría en ese momento por todo lo que amaba a su madre. Sin embargo Marisa seguía viva y Andrea, absurdamente, había muerto.

Los últimos días de su vida, Andrea los pasó cuidando a su mamá en el sanatorio. Era una conversación habitual de ese tiempo que ella me pidiera disculpas por «tenernos descuidados a Nina y a mí». Yo que la conocía y sabía de su amor y su entrega, obviamente le decía que no se preocupara.

Muchas veces me había contado acerca de cómo su madre se había hecho cargo de ella y de su hermano prácticamente en soledad, porque si bien su padre vivía, estaba en otra provincia y no le pasaba dinero para la mantención de los chicos.

Por eso Andrea había desarrollado a la par del amor que tenía tanto por su padre como por su madre, un sentimiento de admiración y respeto para esa mujer que había luchado siempre por ellos.

Cuando entré a la vida de Andrea, no fue extraño verla a Marisa luchando a la par de ella para mantener abierta la empresa de su hija. En aquel momento Andrea atravesaba una división dolorosa con su socia que había sido una gran amiga, pero que la había dejado sola con el emprendimiento y la responsabilidad.

Ahí apareció su mamá Marisa, por entonces bastante más entera, para ocupar un puesto de trabajo en la recepción de la gente y la administración, pero sobre todo, para que su hija pudiera salir adelante.

Y así estuvo mientras la salud se lo permitió. Por eso cuando los achaques de la edad y de su salud la fueron limitando en sus posibilidades, la capacidad de atención y de ocupación de Andrea por su mamá fue creciendo.

Tengo para mí el orgullo de no haber sido nunca un obstáculo en eso. Llevo en mi corazón la alegría de sentir que Andrea sabía que contaba conmigo.

Pero además, por como era Andrea. a veces lleva a Nina a ver a su abuela. La había enseñado a que la cuidara. Y eso fue para nuestra hija, siempre algo de lo que enorgullecerse: saber que su abuelita podía contar con ella.

Cada vez que yo rezaba por ella, le pedía a Dios que el tiempo que le quedara en este plano fuera con el menor sufrimiento posible.

La de Marisa una vida con muchas dificultades, pero también con muchas alegrías como la de tener a sus dos hijos Andrea y Diego bien crecidos, convertidos en buenas personas, con sus trabajos y vocaciones, pero también a su nieta Nina a la que amó profundamente como una buena abuela.

Hoy pienso que en este cielo azul inmaculado se están fundiendo de nuevo en un abrazo de luz Andrea con su mamá. Además desde hoy los dos, pero sobre todo Nina, tenemos un ángel más que nos cuida en cada momento. Vuela alto Marisa. Abrazo al cielo.

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marianorinaldi Ver todo

Periodista. Cronista.
Conduzco de "La Semana que Viene" programa que se emite por Radio Simphony.
También trabajo en el programa "En la trinchera" de Radio Led.
Fui Cronista de "El Exprimidor" (2002 hasta su finalización en 2019) reemplazando a Ari Paluch en la conducción en varias ocasiones.
Cronista de "El Rotativo del Aire" de Radio Rivadavia (entre 2001 y 2010).
Acreditado en Casa de Gobierno (2003/2018).
También Cronista y asesor parlamentario.
Realicé coberturas nacionales e internacionales como enviado por ejemplo al rescate de los mineros en Chile, Elecciones en España y Paraguay, Aniversario del Atentado de Atocha en Madrid entre otras cosas.

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