El beneficio de la polémica

Parece que en la prensa nos olvidamos de nuestra función fiscalizadora. Misteriosamente a muchos de los que desvelaba la corrupción menemista ya no parece preocuparle más la corrupción a secas. Es más: parece desparramarse como una epidemia la convicción no declarada de que “cierto nivel de robo” es tolerable a cambio de algo de gestión… ¿El regreso del “Roba pero hace”?

De repente parece que dejamos de lado ese temita de que con los funcionarios públicos se invierte la carga de la prueba, de que son ellos quienes deben demostrar que no robaron, y fundamentar cómo hicieron para tener lo que tienen.

Parece que la “guerra contra Clarín” tiene -como toda guerra- sus “daños colaterales”. En este caso sería relativizar cualquier sospecha, indicio o evidencia de corrupción y enriquecimiento ilícito.

De esta manera se crea la FALSA ILUSIÓN de que aquellos que señalan el posible caso de corrupción respecto de algún funcionario estaría operando para Magneto, más que bregando por un poco de transparencia para nuestra agobiada institucionalidad.

Piensen por un segundo, solamente por un segundo ¿qué hubiese pasado? ¿qué tipo de cobertura y hostigamiento periodístico hubiesen tenido empresarios como Cristobal López o Lázaro Baez en tiempos y bajo régimen menemista?

¿Por qué interesaban los sospechosos bienes de María Julia más que los de Jaime?

Esta mañana el diario Clarín publica la foto de una casa de Ricardo Echegaray, el titular de AFIP.

Algunos días atrás el patagónico había admitido tener “un dúplex de 2 ambientes en Punta del Este”.

A nombre de su mujer, en realidad lo que Echegaray tiene en Punta del Este, según el matutino en guerra, es un departamento de 163 metros cuadrados, 3 dormitorios, living y cochera valuado en u$s 360mil.

Parece que estas cuestiones ya no llaman la atención de los editores. ¿No interesan al público? ¿Todos los funcionarios son empresarios exitosos? ¿No debería ser prioritario en la agenda periodística establecer la legalidad del origen de este bien tratándose de un funcionario público a cargo de la AFIP justamente?

Lo de Echegaray es un caso testigo. Está lleno. Lo único claro es que desde el cacerolazo para acá es cada vez más dificil hablar de los bienes de los funcionarios, del agujero negro del congreso, de los sueldos y los costos de los asesores, de lo que se llevan por arriba y por abajo de la mesa.

Se nos está escapando un frente importante que supimos tener años atrás. Y no creo que se por ingenuos.

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