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Dicen que no hay que vender la piel del oso antes de cazarlo. Sin embargo ese día, los diarios ya había adelantado la impresión de su portada: “Brasil campeón del mundo”. Fabricantes habían lanzado su producción de recuerdos: muñecos, ceniceros, vasos… todos impresos con la frase famosa “Brasil campeao do mundo”.

Es que por el sistema imperante en ese año, 1950, el empate le alcanzaba a Brasil –el local que venía entonado aplastando a sus rivales- para imponerse sobre los celestes de Uruguay.

En el vestuario rioplatense los mensajes no son muy alentadores: El entrenador uruguayo Juan Lopez Fontana, intentando evitar una derrota humillante como venían  de sufrir España y Suecia,  les pide a sus jugadores que salgan a jugar defensivamente; pero cuando López se retira, una figura copa la escena y les dice a sus compañeros: Juancito es un buen hombre, pero ahora se equivoca. Si jugamos para defendernos, nos sucederá lo mismo que a Suecia o España. Se trata de Obdulio Varela, el capitán celeste, el líder, también conocido como “el negro jefe”.

Como si el mensaje del DT no hubiese sido los suficientemente deprimente, poco antes de saltar a la cancha, un dirigente con gesto adusto entra al vestuario y le dice a los charrúas: “No importa muchachos: estamos cumplidos”

Estas palabras perdedoras le hierven la sangre al negro jefe que pega un salto y grita: ”Los de afuera son de palo, cumplidos solamente si ganamos”

Lo siguiente es historia:

Brasil empieza ganando pero Uruguay lo da vuelta en el segundo tiempo, gana 2 a 1 y enmudece a un estadio ( el “Maracanazo”) y entristece a una nación (Brasil).

Hoy que escucho hablar que Argentina, jugando en Sudamérica y con Lionel Messi “Va de punto” contra Alemania por goleadas anteriores de los teutones, no consigo, no puedo evitar el gigante recuerdo del Negro Jefe.

Me tranquiliza saber que –diría ”casualmente si existiesen casualidades”- la figura argentina que secunda al mejor del mundo es un muchacho al que TAMBIÉN LLAMAN JEFE. Empezaron en verdad llamándolo “Jefecito” porque de potrillo ya se le advertía el liderazgo.

Tengo la fe, tengo la inmensa paz de saber que cuando algún técnico, dirigente, periodista o alguien ose insinuarle que Argentina ya ha hecho un buen papel y está cumplido, este, nuestro jefecito, repita la historia y lleve a los nuestros cual un San Martín a la victoria

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