El canciller norcoreano, Ri Yong Ho acaba de decir que “Debido a la declaración de Guerra de los EE.UU. para con su país, Norcorea se considera con derecho a derribar aviones norteamericanos aún sin que se hayan adentrado en su espacio aéreo”. Sin embargo la amenaza de un país con capacidad nuclear acechando a EE.UU. no es el tema excluyente de conversación en estos momentos. Si, adivinaron: un vez más el deporte sirve de cortina de humo.

Sobre el fin de la semana pasada unos tweets del presidente encendieron la hoguera: Este viernes Trump llamó “hijos de puta” a los jugadores negros de fútbol americano que se arrodillan en señal de protesta cuando se escucha el himno. Esta es la forma que adoptaron para visibilizar su disgusto por la violencia policial contra las minorías en EE UU.

DJT también preguntó  al público si a ellos no les molestaba que “esa gente” hiciera esas protestas. Para el presidente es una falta de respeto a los símbolos patrios, una ofensa a los que ofrendaron la vida por su bandera, mientras que para sus críticos se trata de otro caso más de racismo de su parte.

Pero la cosa no quedó ahí: Trump pidió a los dueños de los equipos que “echen a esos hijos de puta cuando le faltan el respeto a la bandera” y no conforme, convocó al público a un boicot a la NFL (la AFA del fútbol americano) hasta que los capos de las franquicias hagan caso a su peculiar pedido.

Los dueños de algunos equipos y los jugadores salieron a responderle al presidente tachando de “inapropiados, ofensivos y decepcionantes” sus comentarios.

El punto es que mientras la opinión publica norteamericana expone su grieta que se divide en anti y pro- Trump, la discusión acerca de la conducta de los futbolistas y los tweets del presidente reemplaza en la consideración pública a la preocupación por temas que afectan seriamente a esa sociedad en el plano local e internacional, tales como la reforma al sistema de salud, la reforma impositiva y la situación de la economía con y sin migrantes o la preocupante escalada bélica con Norcorea que amenaza con terminar de la pero de las maneras.

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