Cosas de antes

Me tocó crecer en otro siglo, el siglo pasado. Tiempo raro en el que por ejemplo para ser invitado a la TV tenía uno que ostentar alguna virtud o cultivar algún talento. Rarezas televisivas con personas que se juntaban en un living, o una mesa, pero para hablar de cosas profundas, contar sus mejores historias y lo que harían próximamente, pero también para regalarnos algún que otro momento artístico. Tiempos en los que a nadie se le hubiese ocurrido hacer todo un programa contando que tal estaba saliendo con cual, ni mucho menos dedicarle una programación entera a eso.

Hoy nos acostumbramos y tomamos con naturalidad a que conjuntos enteros de personas, sin mayor virtud reconocida que la buena presencia, comenten por TV cuestiones privadas de vidas ajenas de supuestas figuras.

No fue siempre así: en el siglo pasado, en el que me tocó crecer, existían programas de TV que se desarrolaban en torno a personas reconocidas del mundo del arte, la política o la actualidad que ostentaban algo digno de ser expuesto y a lo que genéricamente llamábamos “mérito”.

Creían estos antiguos que la televisión, como caja de resonancia en donde confluían los públicos, merecía presentar charlas edificantes, números artísticos o historias relevantes de nuestro tiempo contadas directamente por sus protagonistas.

En síntesis:

Se veía por TV lo que las personas normales no podíamos encontrar en la mesa de un bar o en la peluquería.

 

Hoy que “el intelectual” ha desaparecido como figura de nuestros medios y que asumimos con normalidad la existencia de los “mediáticos”, hoy que aceptamos que un grupo de 5 o más personas cotorreando sobre la vida sexual de las bailarinas constituye la materia prima para elaborar toda una programación televisiva, bien puede llegar  a parecernos lenta y aburrida una TV en la que artistas de renombre internacional contaban sus anécdotas coloridas y se tomaban tiempo para mandarse alguna que otra interpretación. Sin embargo había en esa lentitud algo que echamos mucho en falta quienes vivimos aquellos tiempos:  algo a lo que llamaríamos “contenido”.

Algo cambió en nuestra sociedad y en la TV en donde pese a realizarse ficciones de gran calidad como “El Marginal, Cuéntame, Un gallo para Esculapio o el Lobysta” preferimos el panel que hable de los amores de Laurita a la palabra de los artistas. Antigumente existían programas de chimentos. Hoy existen “Programaciones” de chimentos, que es distinto.

Para finalizar con esta “nostalgiada” diré que subsisisten hoy -sin embargo- algunos sobrevivientes de aquellas épocas como por ejemplo las mesas de Mirtha Legrand en donde todavía se espera de los concurrentes que tengan algo que decir.

 

Era la TV de antes buena y la hoy es mala?

No me parece. Creo que el proceso del que hablo, la frivolización de la sociedad comenzó en los 90s y se extendió hasta nuestros días como fenómeno social que trasciende a la TV.

El problema no es la proliferación de los programas de paneles y chimentos sino la ausencia de programas en donde se traten otros temas a los que rápidamente se claifican de “lento”s o #aburridos”. Pero manda el “Minuto a minuto”, no hay tiempo para pensar.

Hoy también pueden verse shows y programas de calidad. En general son los que más inversión económica tienen, pero por alguna razón, suelen ser shows o programas grabados de viajes o ficciones. Los programas en vivo parecen haberse limitado a la pasatista charla de la peluquería.

Vos qué pensás? debajo de este post verás un campo en donde podés sumar tu opinión.

Desde ya, muchas gracias.

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