La realidad es más fuerte que el marketing

Macri admite la derrota y asegura que “hoy hemos tenido una mala elección”, se recompone un poco y prosigue: “estos números no estaban en los cálculos de nadie:  fallaron todas las encuestadoras”.  Dice que él no subestima a nadie y cree haber hecho lo mejor posible. Quizá sea el momento de empezar a desandar lo decidido desde el triunfo en las elecciones de medio término de 2017 para acá.

sindi

En la misma noche en que se celebraba la victoria en las elecciones de medio término, se conocía un aumento de combustible, algo que pasaría formar parte de la cotidianeidad, pese a que el gobierno que aseguraba luchar contra la inflación no podía desconocer el efecto inmediato y casi mecánico de estos aumentos sobre los precios.

A pocos días del triunfo, Cambiemos fue por más: se metió con los jubilados y modificó en la Cámara de Diputados la fórmula que se utilizaba para aumentar las jubilaciones, de manera que los abuelos cobrarían menos dinero.

Entonces llegaría lo que Milei definiría como “el golpe de Marcos Peña al Banco Central” y a partir de allí el fatídico 2018 en donde no tuvimos un mes en paz hasta llegar a lo impensado: “Tuvimos que caer en el FMI”.

No hablemos del costo de los alimentos, de lo doloroso de ir al mercado a comprar comida porque es una realidad que todos los asalariados no herederos conocemos.  Tampoco de lo costoso que fue poder afrontar las tarifas que se multiplicaban exponencialmente ante salarios que se estancaban y la actividad comercial que retrocedía.

En ese momento hablaba con referentes del macrismo y les preguntaba -ante la evidente y lógica caída de la figura de Macri- si iban a permitir el desbande en dominó de todo este sector o si se planteaban la posibilidad de abrir líneas internas con las figuras de Ciudad y Provincia como posibilidad de fuga hacia adelante, pero siempre obtenía la misma respuesta: “MM está convencido de que en 2019 la economía repunta y llega justo a levantar para las elecciones”.

Y acá estamos en 2019… hasta el viernes en que se instaló la veda se vivía un clima de paridad en los medios y las encuestadoras. Hoy con los números de las PASO y con el 87% de mesas escrutadas sabemos que la diferencia es de 15 puntos.

Dicen que lo malo de repetir mentiras es que uno acaba por créerselas. Podríamos llamarle “el síndrome del mentiroso”.

Macri llama a trabajar a partir de mañana “para no volver al pasado”. Con tamaña ventaja su continuidad y la de Vidal, arrastrada a no desdoblar las elecciones, parecen ser ya parte del pasado  que menta.

Pero esto es Argentina, donde todo está siempre por verse.

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