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Gracias viejo, hasta que nos volvamos a encontrar.

Habían pasado pocas semanas del campeonato de México, la referencia es indeleble. Yo tenía 16 años, y aunque estaba en plena adolescencia, mi padre seguía siendo para mí casi omnipotente.

Tras años de enfermedad, mi abuelo yacía muerto sobre la cama. Yo estaba a su lado.

Sentí ruidos, mi padre acababa de llegar.

La escena se repite una y otra vez en mi cabeza:

Mi padre entrando rengueante a la habitación. Después me enteraría de que al conocer la noticia, se había desesperado tanto que había dejado la llave dentro de su casa, debiendo saltar la reja, lastimándose un pie. Así de desesperado estaba.

Entró con su cara descolocada, como si le hubiesen estado mintiendo, como lo hubieran estado molestando. Recorrió el ambiente con la vista, pasó por mí y su mirada se clavó en la cama donde estaba el cuerpo de su padre.

Lo que sigue es la imagen que nunca olvidé porque creo que fue el preciso momento en el que él se humanizó para mí: su expresión se torció como un chico que hace puchero, bajó la cabeza y se puso a llorar.

Hoy la vida salta una generación. Él, mi padre, es el que ha muerto. No tengo nada que reprocharle a la historia: a su manera estuvo siempre presente para nosotros. Nos dejó herramientas para la vida. Con sus cosas, como todos, amó y fue amado. Pudo conocer a mi mujer y mi hija, su nieta.

Andrea lo quiso, pero lo quiso más cuando estando embarazada después de que casi se cayera en el baño, él apareció en casa para instalar barandas de seguridad.

Infelizmente este duelo había empezado hace años, porque si bien estaba entre nosotros materialmente, su cabeza, su energía, su fuerza habían ido cediéndole terreno a una demencia senil que nos lo iba robando.

Hoy la vida salta una generación y soy yo el que lo llora a él. Cuando le digo a Nina con sus diez años lo que ha pasado, me mira con su carita seria y me dice: «Papá, vos estás bien?» y me rearmo de amor.

Siento que la vida sigue dando vueltas y la muerte apenas nos distancia por un tiempo, pero ya aprendí que el amor no muere nunca.

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marianorinaldi Ver todo

Periodista. Cronista.
Conduzco de "La Semana que Viene" programa que se emite por Radio Simphony.
También trabajo en el programa "En la trinchera" de Radio Led.
Fui Cronista de "El Exprimidor" (2002 hasta su finalización en 2019) reemplazando a Ari Paluch en la conducción en varias ocasiones.
Cronista de "El Rotativo del Aire" de Radio Rivadavia (entre 2001 y 2010).
Acreditado en Casa de Gobierno (2003/2018).
También Cronista y asesor parlamentario.
Realicé coberturas nacionales e internacionales como enviado por ejemplo al rescate de los mineros en Chile, Elecciones en España y Paraguay, Aniversario del Atentado de Atocha en Madrid entre otras cosas.

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